The Walking Dead

The Walking Dead: Las temporadas con las peores críticas y qué cambios las habrían salvado

A pesar de su extensa trayectoria, la serie The Walking Dead conserva una reputación sólida en general. Aunque atravesó fases complicadas como las tres entregas con menor aprobación crítica que curiosamente se transmitieron en pantalla una tras otra.

The Walking Dead Temporada 7
The Walking Dead Temporada 7

The Walking Dead de la cadena AMC, se convirtió en un fenómeno duradero desde su debut en 2010, manteniéndose durante 11 temporadas hasta su cierre en 2022. Su nivel cualitativo se sostuvo razonablemente a lo largo de los años, reflejando el esfuerzo dedicado a esta icónica historia postapocalíptica. Sin embargo, tres temporadas registraron puntajes notablemente más bajos que el promedio. A continuación se destacan las tres con la calificación más débil en Rotten Tomatoes, junto con reflexiones sobre posibles ajustes que podrían haber elevado su desempeño.

The Walking Dead temporada 6 (Tomatómetro: 76%)

La sexta entrega representó un giro decisivo en la trayectoria de la serie. Después de cinco temporadas iniciales muy bien recibidas, esta marcó el inicio de tropiezos evidentes. Ya habían surgido irregularidades en el ritmo y resoluciones abruptas en etapas previas, pero aquí se hicieron más notorios. Surgieron cliffhangers excesivos que diluían la tensión. El clímax de la temporada, con la espera prolongada para revelar la víctima de Negan, ejemplificó el problema: recurrir a shocks baratos complica la recuperación posterior. En lugar de priorizar impactos superficiales, habría convenido mantener el enfoque en arcos personales auténticos. Reducir muertes gratuitas, hacerlas más orgánicas y limitar los finales abiertos innecesarios. Un cliffhanger ocasional genera expectativa, pero abusar de ellos genera frustración.

The Walking Dead temporada 7 (Tomatómetro: 66%)

Si la anterior inició el declive personal como seguidor, esta casi provoca el abandono definitivo. Muchos espectadores, pausaron el visionado tras el estreno, con reportes de una caída de millones de televidentes. La forma en que se gestionaron las pérdidas de Abraham y Glenn rompió la conexión emocional con el público. Esas muertes parecieron poco significativas y generaron rechazo generalizado. La incorporación de Negan buscaba renovar la energía, pero alteró el equilibrio de manera irreversible. Preservar a Glenn habría permitido reforzar los vínculos que el público valoraba tanto. Las muertes deben servir a la historia sin eliminar figuras centrales queridas en exceso. La obsesión por nuevos antagonistas eclipsó lo que ya funcionaba.

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Jeffrey Dean Morgan como Negan en The Walking Dead Temporada 7.

The Walking Dead temporada 8 (Tomatómetro: 65%)

Esta es la peor evaluada por críticos en Rotten Tomatoes, y resulta comprensible. Lo que hacía especial a la serie se desvaneció: los personajes persistían, pero su propósito y la lucha por ellos perdieron fuerza. La trama de confrontación entre los bandos de Rick y Negan tenía potencial enorme, pero se ejecutó sin alma. Decisiones como la salida de Carl resultaron desacertadas, al igual que muchas acciones de Rick que parecían injustificadas y sin preparación previa. Tras elecciones tan definitivas en muertes y conflictos, faltó coherencia en los cierres. Mantener a Negan vivo tras sus actos careció de lógica narrativa. Acortar la duración (de 16 a 10-12 episodios) habría concentrado la intensidad y evitado relleno.

Sobreviviendo al declive

A pesar de los tropiezos evidentes en las temporadas 6, 7 y 8 —con puntajes en Rotten Tomatoes que descendieron notablemente hasta el 76%, 66% y 65% respectivamente—, The Walking Dead demostró una notable capacidad de resiliencia. Estos periodos representaron el punto más bajo de la serie, marcados por decisiones narrativas controvertidas, un ritmo irregular y pérdidas que alienaron a gran parte del público fiel. Sin embargo, el hecho de que la producción continuara durante 11 temporadas y generara un universo expandido con spin-offs exitosos evidencia que su núcleo —la exploración de la humanidad en un mundo devastado— seguía resonando con fuerza.

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Danai Gurira como Michonne, Andrew Lincoln como Rick Grimes, Christian Serratos como Rosita Espinosa, Norman Reedus como Daryl Dixon y Melissa McBride como Carol Peletier en The Walking Dead Temporada 8.

Los errores en esas temporadas sirvieron, paradójicamente, como lecciones valiosas que permitieron ajustes posteriores, revitalizando la serie en sus etapas finales y consolidando su legado como uno de los fenómenos televisivos más duraderos del siglo XXI. En última instancia, The Walking Dead no solo sobrevivió a su propio declive, sino que se convirtió en un caso de estudio sobre cómo una historia postapocalíptica puede evolucionar, adaptarse y perdurar más allá de sus momentos más débiles. Aunque no todas las decisiones fueron acertadas, el compromiso con la visión original de Robert Kirkman y el impacto cultural que generó —desde debates apasionados entre fans hasta un ecosistema de historias derivadas— confirman que su huella en la televisión moderna es indeleble.

Especialista en Periodismo Digital recibida de la Universidad Abierta Interamericana y estudiante de la carrera de Diseño Digital. Redactora independiente con una amplia trayectoria en contenidos sobre Series y Películas. Ver más


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