
Netflix cambia las reglas de Monstruo con Lizzie Borden: terror, humor negro y una temporada muy diferente
La antología de Ryan Murphy regresa con un caso real que cambia el tono de la serie y apuesta por una mirada más oscura, satírica y provocadora.


Netflix recupera una de sus antologías de true crime más conocidas con Monstruo: La historia de Lizzie Borden, una cuarta temporada que se distancia parcialmente de la fórmula de sus anteriores entregas. Creada por Ryan Murphy e Ian Brennan, la serie se centra en el célebre caso de Lizzie Borden, acusada en 1892 de asesinar a su padre y a su madrastra a hachazos, aunque finalmente fue absuelta. Esta vez, la producción combina el crimen histórico con terror, humor negro y una perspectiva centrada en las circunstancias sociales que rodearon a su protagonista.
El cambio resulta especialmente llamativo porque las anteriores temporadas de Monstruo habían abordado casos protagonizados por asesinos cuya culpabilidad estaba judicialmente establecida, como Jeffrey Dahmer, los hermanos Menéndez o Ed Gein. El caso Borden es diferente: Lizzie nunca fue declarada culpable, y el misterio sobre lo sucedido en aquella casa de Fall River continúa formando parte de su leyenda. Esa circunstancia permite a la nueva temporada plantear una narración mucho menos centrada en reconstruir un crimen resuelto.
Lizzie Borden convierte el true crime en una historia de humor negro
La serie está protagonizada por Ella Beatty como Lizzie Borden, acompañada por Vicky Krieps, Charlie Hunnam, Rebecca Hall, Billie Lourd, Jessica Barden y Sarah Paulson. Netflix presenta una historia ambientada en un hogar victoriano marcado por la crueldad y la represión, donde Lizzie y su criada Maggie terminan refugiándose en una fantasía de poder, sexo y venganza. El resultado busca ser deliberadamente más provocador que una simple reconstrucción histórica del famoso caso.
El tono es precisamente uno de los elementos que más diferencia esta temporada. En lugar de apoyarse únicamente en el suspense y la oscuridad del asesinato, la serie utiliza la comedia negra como herramienta narrativa para explorar una relación familiar profundamente tóxica. Espinof destaca este cambio como uno de los principales rasgos de la nueva entrega, que utiliza el humor para acercarse a una historia que durante más de un siglo ha estado rodeada de rumores, teorías y una enorme fascinación popular.
La decisión tiene sentido porque la figura de Lizzie Borden ha trascendido el propio expediente judicial. Tras ser absuelta, nunca consiguió desprenderse de la sospecha pública y terminó convertida en un personaje de la cultura popular estadounidense. Su nombre incluso quedó asociado a una conocida canción infantil que la presenta como culpable, pese a que legalmente fue declarada no culpable. La serie parte precisamente de esa contradicción entre el veredicto y la leyenda que sobrevivió durante generaciones.
Una temporada que mira al crimen desde otra perspectiva
Uno de los aspectos más interesantes de la nueva entrega es que no pretende presentar a Lizzie simplemente como un monstruo. La producción explora las limitaciones impuestas a las mujeres en la sociedad estadounidense de finales del siglo XIX, además de las relaciones de poder dentro de la familia Borden. El director Max Winkler y el equipo creativo han utilizado el caso para abordar temas relacionados con la rabia femenina, la represión y las circunstancias que rodean a sus personajes.
La temporada cuenta con ocho episodios y ya está disponible en Netflix desde el 17 de septiembre de 2026. La plataforma clasifica la producción como drama, terror, serie de época y ficción policial, mientras que sus episodios recorren desde la vida doméstica de Lizzie hasta los asesinatos, la investigación y el posterior juicio que convirtió el caso en uno de los grandes misterios criminales de Estados Unidos.
Con esta cuarta temporada, Monstruo demuestra que todavía puede cambiar de registro sin abandonar su interés por los casos reales que han quedado grabados en la cultura popular. Lizzie Borden permite a Ryan Murphy e Ian Brennan mezclar crimen, terror, humor negro y comentario social, dando lugar a una entrega que se diferencia claramente de las anteriores y que convierte una historia judicial sin culpable oficial en una nueva pieza de la antología de Netflix.

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