
¿Por qué nunca más hubo una serie como Vikingos de History Channel? El fenómeno de Ragnar que ningún drama histórico pudo repetir
La serie de Michael Hirst se emitió de 2013 a 2020 durante seis temporadas y convirtió a Travis Fimmel en un ícono. Ni su propia secuela Valhalla ni las decenas de dramas históricos que llegaron después lograron capturar la misma magia. Repasamos qué hizo única a la epopeya de Kattegat.


Hay series que marcan una época y después dejan un vacío que nadie logra llenar. Vikingos es una de ellas. Entre 2013 y 2020, la epopeya creada por Michael Hirst para History Channel convirtió a un canal conocido por documentales en la casa de uno de los dramas más adictivos de la década. Travis Fimmel se transformó en un ícono como Ragnar Lothbrok, y millones de espectadores en todo el mundo aprendieron a decir "Kattegat" y a temer al águila de sangre. Pero desde que terminó, ninguna serie (ni siquiera su propia secuela) volvió a generar el mismo fenómeno. ¿Por qué? Repasamos las razones detrás de una serie irrepetible.
Un canal de documentales que se animó a la ficción
Lo primero que hizo especial a Vikingos fue el lugar del que salió. History Channel era sinónimo de documentales sobre la Segunda Guerra Mundial o programas de subastas, no de ficción con presupuesto de superproducción. Cuando la serie se estrenó el 3 de marzo de 2013, filmada íntegramente en Irlanda, fue una apuesta arriesgada: el primer drama scripted del canal.
La apuesta salió redonda. Michael Hirst, que venía de escribir Los Tudor y la película Elizabeth, escribió personalmente cada uno de los episodios de las seis temporadas, algo casi inédito en la televisión moderna. Esa unidad de visión (un solo autor detrás de toda la historia) le dio a Vikingos una coherencia que las series hechas por comité de guionistas rara vez alcanzan. El resultado combinaba rigor histórico, mitología nórdica y un pulso dramático que enganchaba desde el primer episodio.
Travis Fimmel: el ícono que la serie no supo reemplazar
Ninguna conversación sobre Vikingos puede evitar a Ragnar Lothbrok. El australiano Travis Fimmel, nacido en Echuca el 15 de julio de 1979, tomó a un granjero legendario del folclore escandinavo y lo convirtió en uno de los protagonistas más magnéticos de la TV. Su Ragnar era ambicioso y astuto pero también melancólico y filosófico, capaz de pasar de la ternura a la crueldad en un mismo plano.
El problema es que la serie tomó una decisión audaz y arriesgada: matar a su personaje principal en la mitad de la cuarta temporada. En el episodio All His Angels, Ragnar es arrojado a un pozo de serpientes venenosas por el rey Aelle de Northumbria, tras dar un último discurso desafiante sobre su ascenso inevitable al Valhalla. Fue una muerte brutal y memorable, pero también el inicio de un problema que la serie nunca resolvió del todo: cómo seguir sin su corazón.
La decisión de matar a Ragnar que dividió al fandom
La salida de Fimmel siempre estuvo planeada. Hirst contó a Variety que, cuando el actor fue contratado, solo existían los primeros guiones y la biblia de la temporada 1, en la que Ragnar moría al final. Vikingos iba a ser un trabajo de una sola temporada para Fimmel, pero el potencial de la historia y su interpretación lo estiraron mucho más. Aun así, el plan siempre fue reflejar el paso generacional: la historia debía continuar con los hijos de Ragnar.
El propio Hirst quedó devastado al escribir esa muerte, pese a conocerla de antemano. "Cuando la vi, lloré, sabiendo que era el final de un viaje que Ragnar y yo, y Travis y yo, habíamos recorrido juntos. Fue una creación de los dos, de Travis y mía. Fue un día muy conmovedor", confesó el creador. Le dio crédito a Fimmel por la secuencia y sostuvo que la escena pagaba todas las horas invertidas en el personaje. Los fans, en cambio, quedaron partidos: para muchos, Vikingos nunca volvió a ser lo mismo sin Ragnar.
Los hijos, la Kievan Rus y las temporadas finales
A partir de la quinta temporada, la serie se reinventó siguiendo a los hijos de Ragnar: Björn Ironside (Alexander Ludwig), el astuto y cruel Ivar el Deshuesado (Alex Høgh Andersen), Ubbe (Jordan Patrick Smith) y Hvitserk (Marco Ilsø). El foco se expandió geográficamente hacia Inglaterra, Escandinavia, el Mediterráneo, la Kievan Rus e incluso Norteamérica.
Fue una apuesta valiente que dividió opiniones. Los seguidores más críticos señalan que las temporadas posteriores a Ragnar perdieron algo del pulso original, con problemas de ritmo y un rumbo menos claro. Los defensores, en cambio, valoran que la serie se atreviera a envejecer con sus personajes y a mostrar el costo generacional de la ambición. Lo cierto es que las cuatro temporadas con Ragnar como protagonista siguen siendo consideradas las mejores, y la serie completa mantiene un sólido reconocimiento entre los grandes dramas históricos de la TV.
Por qué terminar en la temporada 6 fue lo correcto
Vikingos cerró su historia el 30 de diciembre de 2020, cuando la segunda mitad de la sexta temporada se estrenó completa en Amazon Prime Video. Muchos coinciden en que terminar ahí fue una decisión inteligente: la serie había contado su saga completa, de granjero a rey y de padre a hijos, sin estirarse artificialmente para exprimir el éxito.
Esa disciplina narrativa es parte de por qué se la recuerda con tanto cariño. En una era de series que se prolongan hasta agotar la paciencia del público, Vikingos supo cuándo bajar el telón. La saga de Ragnar y su descendencia tenía un arco definido, y Hirst lo respetó. El final no dejó a todos contentos, pero cerró el círculo que había empezado en aquel primer saqueo a Inglaterra en el año 793.
Valhalla y por qué la secuela no logró lo mismo
Netflix intentó continuar el fenómeno con Vikingos: Valhalla, una serie secuela ambientada más de cien años después de los eventos originales, que se estrenó en 2022 con un elenco y personajes completamente nuevos. La producción tenía presupuesto, escala y el respaldo de la marca. Pero le faltaba algo esencial: Ragnar, Kattegat en su esplendor y, sobre todo, esa mezcla irrepetible de intimidad y epopeya que Hirst y Fimmel habían construido juntos.
La pregunta que muchos se hacían al estrenarse Valhalla era si alguno de sus nuevos personajes llegaría a ser tan popular como Ragnar Lothbrok, o si alguna muerte tendría el impacto de la suya. La respuesta, para buena parte del fandom, fue que no. Valhalla funcionó como entretenimiento, pero no volvió a encender la conversación global ni el fervor emocional de la serie madre. Demostró, sin querer, justamente lo difícil que es replicar la magia original.
El legado: los actores y lo que vino después
El impacto de Vikingos también se mide en las carreras que lanzó. Travis Fimmel, tras años buscando un papel a la altura de Ragnar, finalmente encontró uno comparable en Dune: Prophecy, la precuela de HBO donde interpreta a otro guerrero carismático, cuatro años después del final de la serie. Antes había pasado por Warcraft, Raised by Wolves de Ridley Scott y films como Lean on Pete y Dreamland junto a Margot Robbie.
Michael Hirst, por su parte, no abandonó el mundo que lo hizo famoso: prepara nuevos proyectos de época, incluida una serie sobre la era vikinga para Prime Video. El elenco coral (Katheryn Winnick como la guerrera Lagertha, Gustaf Skarsgård como el enigmático Floki, Alexander Ludwig como Björn) se dispersó por decenas de producciones, pero pocos volvieron a encontrar un personaje tan icónico. Es quizás la mejor prueba de por qué nunca más hubo una serie como Vikingos: hizo falta una alineación perfecta de autor, actor, canal y momento que difícilmente se repita. Las seis temporadas están disponibles hoy en Netflix, listas para que una nueva generación descubra por qué Kattegat todavía duele.
Locutor. Redactor especialista en series policiales, dramáticas y de comedia. Fan de la música y del séptimo arte. Ver más










