Destino Final: Lazos de Sangre

Crítica de Destino Final: Lazos de Sangre: más muertes creativas, menos suspenso

La sexta entrega de la saga apuesta por el humor negro y el gore sin complejos. ¿Sigue siendo cine de terror o ya es puro espectáculo macabro?

Destino Final: Lazos de Sangre
Destino Final: Lazos de Sangre

Destino Final: Lazos de Sangre (Final Destination: Bloodlines) marca el regreso de una de las franquicias más queridas —y temidas— del cine de terror, ahora dirigida por el dúo Zach Lipovsky y Adam B. Stein, con guion de Guy Busick y Lori Evans Taylor sobre una historia original de Jon Watts.

Lejos de intentar reinventar el género, esta sexta entrega redobla la apuesta por lo que realmente funciona en la saga: la expectativa grotesca de ver cómo cada objeto cotidiano puede convertirse en un arma letal.

Todo puede matar… y lo hace con estilo

En el universo de Destino Final, un piano, una veleta o un tomógrafo pueden ser tan peligrosos como una sierra eléctrica, y Lazos de Sangre lo sabe. Aquí no hay espacio para el suspenso clásico ni para el desarrollo profundo de personajes: los protagonistas importan menos que la forma en la que mueren, que es cada vez más absurda, gráfica y retorcidamente ingeniosa.

Este giro hacia el gore cómico y la fantasía macabra no es nuevo, pero aquí se ejecuta con descaro, como si la película celebrara su propio sinsentido. Las muertes, más que impactar o aterrorizar, divierten a un público que ya no espera sustos, sino espectáculo.

Una torre, una visión... y una nueva generación en la mira

La historia arranca en los años 50, con una pareja joven cenando en un restaurante ubicado en la cima de una torre imponente. Cuando una visión premonitoria evita una tragedia masiva —incluida una “lluvia de cuerpos”—, el ciclo mortal queda sellado. Años después, la nieta de esa mujer comienza a tener sueños similares, desatando una nueva cacería sobrenatural.

Desde ese punto, todo se convierte en una carrera contra el destino. O más bien, en una serie de muertes que solo pueden definirse como imaginativas, sangrientas y cada vez más ridículas.

Humor negro + sangre = ¿nuevo lenguaje del terror?

Con actuaciones funcionales encabezadas por Brec Bassinger, Richard Harmon, Teo Briones y Tony Todd (ícono de la franquicia), y una atmósfera más cercana a una sátira slasher que al horror psicológico, Lazos de Sangre deja claro que el tono ha cambiado.

La película no busca asustar tanto como impactar y hacer reír con culpa, apelando al gusto por lo grotesco en lugar del miedo puro. En tiempos en que el terror elevado convive con productos virales y memes, esta sexta parte se acomoda sin complejos del lado del entretenimiento inmediato.

¿Vale la pena verla?

Dependerá de qué estés buscando. Si eres fanático de la saga y disfrutás ver cómo la Muerte se las ingenia para llevarse a todos con creatividad, la vas a pasar bien. Pero si esperás un guion sólido, tensión sostenida o personajes con profundidad, probablemente salgas decepcionado.

Destino Final: Lazos de Sangre dura 110 minutos, es distribuida por Warner Bros., y en México fue clasificada como C, es decir, solo para mayores de 18 años. Apta para quienes saben que lo único seguro en estas películas... es que nadie se salva.

Especialista en Periodismo Digital recibida de la Universidad Abierta Interamericana y estudiante de la carrera de Diseño Digital. Redactora independiente con una amplia trayectoria en contenidos sobre Series y Películas. Ver más

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